Comprometerte más aún. Estar cada vez más presente, sacar el yoga de la esterilla.

Verme a mi misma reflejada en cada asana, en cada pranayama, en cada gesto cada día en cada instante, ver mi sentimiento de inferioridad, a veces también de superioridad, ver mis fortalezas, ver mis debilidades y sin juzgar, manteniéndome ecuánime, observar desde el amor y la paciencia.

Hay mañanas que a las 6,45h no me apetece levantarme y me invade la pereza. Ese es el momento decisivo y lo siento así, en que puedo seguir en la cama o levantarme. Ahí está, seguir, continuar, ese es el avance en la práctica. No es lograr posturas complicadas, posturas que quedan muy bien en las fotos, eso va llegando, o a veces no, no importa. Si practico cada día, unos 6 días a la semana durante varios años, todo va llegando. Se va avanzando en presencia, en consciencia, en ecuanimidad, en conexión, en amor…

En el yoga no hay secretos solo hay práctica, práctica y más práctica.

El yoga siempre es un diálogo entre nuestro cuerpo y nuestra mente. Me doy cuenta, de lo entrelazado que está el cuerpo-mente-emoción. No es posible separarlos, hasta que mi mente no está preparada para afrontar un asana nueva mi cuerpo no puede seguir. Lo veo claramente en posturas invertidas, equilibrios y extensiones. Conecto con el miedo, un miedo increíble que a veces me bloquea y me tenso.

En yoga no se fuerza, siempre se respeta el momento presente. Por lo que el avance es lento y a la vez seguro. Manteniendo la conexión con la respiración es como es posible estar presente, no sobrepasar los límites, escucharse.

El yoga es un camino, disfruta de tu presente, aceptando tu cuerpo, tu mente y tus emociones, tanto si llegas o no, si mantienes o no, si salen las cosas según tus expectativas o no.

El instante es la eternidad, no existe ni pasado ni futuro.