Nunca me había emocionado tanto en una charla, Irene inauguraba unas jornadas en la universidad politécnica de Valencia, UPV.

Mi amiga Rosa me lo dijo y enseguida me apunté por la web de la universidad. Me levanté muy temprano para caminar hasta la estación, ir en tren, pillar un taxi, dar unas cuantas vueltas hasta que encontramos el edificio.

Irene se come el escenario, envuelve con su energía, con su discurso, con su historia, una gran sonrisa inunda su rostro. Cuenta su historia, sus estrategias de superación, el apoyo recibido, el papel de su madre…

Es todo un ejemplo para cualquier persona, porque a todos en mayor o menor grado vivimos situaciones difíciles, ya sea una pérdida, una enfermedad o un gran disgusto. Ella le da la vuelta a lo malo y lo convierte en un aprendizaje, en un reto, en una superación más, una medalla más a su valía.

Siempre hacia delante, hacia atrás ni para coger impulso.

Lloré desde los primeros minutos, me iban cayendo las lágrimas, lentamente, me sentía, me impactaron las imágenes, que se habrán visto mucho en la televisión pero que yo no había visto ni me había interesado en verlas. Viendo las imágenes y a ella en el escenario a la vez, Irene seguía ahí sin romperse, sin quebrarse, aun cuando las imágenes mostraban un cuerpo troceado, un coche destrozado… Algunas salía su padre cogiéndola en brazos, ella iba en vaqueros, la tela era lo único que había en lugar de piernas y ese padre con esa energía, protegiendo y cuidando de su hija. Todas las muestras de amor que recibió, su madre tan positiva tan enfocada en la recuperación, en superar, en seguir viviendo, que no malviviendo.

Viviendo una situación tan traumática, relatándolo sin rencor, yo solo sentía superación.

Todo el público se puso en pie al terminar, a muchos se les caían las lágrimas. Había familiares de víctimas de terrorismo, personas con enfermedades graves, amputados, a las que les había tocado profundamente.

Su última frase fue algo así como que a sus hijos les quitará las piedras de los bolsillos, pero no les quitará las piedras del camino, porque cuanto más grandes sean más fuertes se harán y así podrán construir castillos.

No es necesario padecer una discapacidad para sentirse discapacitado en algún aspecto. Que falta algo en uno, que no es suficientemente alto, guapo, simpático, inteligente, callado, sociable, delgado, adecuado, bueno… A ella no le veo ninguna discapacidad, no le falta nada, lo tiene todo. Es la luz en la oscuridad, la paz en la guerra, la calma en la tormenta, la isla del náufrago, el faro en la tempestad.

Irene me ha tocado el alma, me ha estrujado el corazón y llenado de energía cada una de mis células. Siento un agradecimiento profundo y unas ganas enormes de comerme el mundo. Gracias Irene.