La flexibilidad es una capacidad que se va trabajando, no importa si eres más o menos flexible.

En yoga la flexibilidad se trabaja desde la relajación, desde la escucha y vinculada a la respiración. Cuando inhalas alargas, sientes que creces, que estiras y al exhalar que sueltas la tensión, que tu cuerpo, tus articulaciones ceden.

En el cuerpo se quedan las tensiones de nuestro día a día, de nuestro pasado y luego van saliendo, como me pasa por ejemplo con el bruxismo, que es morderse y apretar los dientes mientras duermo. Esa tensión ha de salir por algún lado y cada uno lo hace de una forma. Cuanto más practico yoga menos muerdo, lo noto por la mañana que no tengo la mandíbula tensa ni me he pellizcado el interior de la boca con los dientes.

Trabajar la flexibilidad calma, libera tensión. A veces he sentido que la tensión se liberaba de forma muy brusca como un gran susto y otras de forma muy suave, lenta y progresiva, casi imperceptible.

Cuando he notado esa tensión que desbordaba a veces he recordado algo de mi pasado, conflictos con personas, dolores emocionales que se han ido liberando.

Si te asustas, sientes pena, rabia, emociones desagradables mantente ahí, no has de hacer nada, solo escucha, dale tiempo a que se vaya disolviendo lo que vayas sintiendo.

El yoga integra nuestros pensamientos y emociones. Aunque no lo busquemos, aparece, sin buscar, solo desde una actitud de escucha, aceptación y amor.

Cuanto más flexible soy físicamente, más flexible soy mentalmente. Y esta capacidad está vinculada no solo a nuestra parte física sino también a nuestra parte emocional y mental. No es magia ni esoterismo, hay que sentirlo para saber la verdad, nuestra verdad.