Es importante cada vez que se inicie la práctica, fijemos un propósito. Una vez que estoy presente, consciente de mi respiración, realizándola cada vez más calmada, amplia y profunda, me pregunto, ¿A qué dedico mi práctica de hoy? lo primero que me viene, eso es lo correcto, sin juzgarlo.

El propósito centra, conecta con nosotros. Requiere sinceridad y escucha.

Si vas a clases es habitual recibir esta sugerencia al principio y en algunos momentos de pausa de la serie, volver a conectar con este propósito. Otras veces, las clases tienen ya un propósito claro, indicado al principio, como por ejemplo sentir la fluidez de la respiración junto con el movimiento, trabajar la aceptación, ecuanimidad, fortaleza interior etc. Hay tantas cualidades, valores a potenciar en nosotros y en los demás…

Me doy cuenta que cuando dedico mi práctica a un aspecto a potenciar en otros también lo voy potenciando en mi. Si pido salud recibo salud, si pido tranquilidad y paz para todos también me volverá a mí. No es algo racional, es algo que sé y siento en lo más profundo, es intuitivo.