Cuantas veces me he imaginado en otra realidad, montándome vidas, historias, aventuras. Desde bien pequeña hacía eso, estaba emparrada, en otro lugar. Poco centrada, me costaba mucho concentrarme, estar atenta. Cuanto menos me gustaba lo que vivía, más me molestaba algo, de forma automática me imaginaba en otra realidad, en otra familia, otro lugar, otras amistades, otro trabajo, en fin otra vida. Siempre evadiendo la realidad, escapando de la dificultad.

Hace ya tiempo que he dejado de evadirme, aunque si me visualizo consiguiendo mis objetivos, es de otra forma. Es más consciente, más enfocado.

Y cuando me surge esta evasión, la freno y veo que hay en mi realidad que me molesta, qué ha pasado, si he discutido con alguien, si me han dicho algo que me haya sentado mal, qué hay en mi vida que haya activado esa reacción. Y sí me quedo ahí, sintiéndome, en silencio y quietud. Escuchándome, siempre encuentro pistas para entenderme… Y luego llega la aceptación, después la responsabilidad.

Solo estando presente viviendo intensamente lo que ocurre, es como se pueden captar las sutilezas de la vida, la vida se construye momento a momento. No quiero perderme más presentes estando en el pasado, el futuro o imaginando otra realidad. Cada momento es el eterno presente.